lunes, 12 de abril de 2010

Me mentiste, me engañaste...

(de mi fanpage del Manual de instrucciones para Recién Separadas en Facebook)

Si la incompatibilidad de caracteres tiene su origen en las mentiras mutuas, aquí van algunos consejitos para reconocer a los mentirosos.
Para empezar, desconfíe sanamente de los hombres que no hablan de sus cosas, no presentan a sus amigos y no dan el teléfono de su lugar de trabajo, y de los que tienen horarios y hábitos raros. Normalmente esconden algo, desde una mujer, o varias, o media docena de hijos, hasta lo más terrible que pueda imaginarse. El que no tiene nada que ocultar no anda haciéndose el misterioso... salvo que tenga alguna neurosis, lo hayan estafado y esté siempre en guardia o tenga complejo de inferioridad, defectos que lo vuelven poco recomendable.
La mentira, cuando una QUIERE verla, tiene el tamaño de un elefante y el olor de un filet de merluza. Es notoria, evidente y previsible. Preste mucha atención a los detalles, porque cada mentiroso tiene su estilo. Están el enredado (sus mentiras son con mucha gente, muchas cosas, muchas fechas, muchos detalles); el exagerado (cada ida a comprar cigarrillos es como la carrera París-Dakar, con beduinos y todo); el amnésico (no sabe, no contesta, no se acuerda...); y hasta el infantil, que se pone colorado, mira el piso y dice mentiras estúpidas, ridículas o compulsivas. Y algunos mezclan todos los estilos, cuando lo consideran necesario: son los mentirosos patológicos. Pero con éstos es mucho más fácil: no hay que creerles nada de lo que dicen. Nada, nada de nada. Pruebe y después me cuenta... cuánto tarda en volverse completamente loca. Porque los hombres NO SON todos iguales, como dice su mamá: para peor, están los mentirosos patológicos.
Pero aun sin llegar a tal extremo, si algún aspirante a marido intentara ocultarle sólo algunas cositas (que ronca, por ejemplo; o que se desayuna con vodka, o que se baña cada diez días, o que es hijo único de padres añosos y achacados; pequeñeces, en fin), NO SE DEJE MENTIR: dude, investigue, husmee y fisgonee en sus intimidades, bolsillos incluidos. Y no le mienta usted, que es hoy la víctima de sus propios engaños y autoengaños.

Causales de divorcio

(de Manual de instrucciones para Recién Separadas)

Todos sabemos que la incompatibilidad de caracteres es una de las principales causas de separación.
Lo que pasa es que al principio ambos están tan ocupados tratando de atraerse mutuamente que no se dan cuenta de que no son compatibles, y además mienten como si decir la verdad fuera pecado. Si ella se enteraba de que a él le gustaba Wagner, ella AMABA a Wagner aunque no supiera quién era ese tipo. Si él se enteraba de que ella amaba los gatos, él los ADORABA, aunque después estuviera tres meses lleno de canchas porque en realidad les tenía alergia. ¿Una contradicción? Jamás. ¿Opiniones distintas? Nunca, nunca. El uno para el otro, el talle justo, la medida exacta y una eterna sonrisa como de propaganda de dentífrico cada vez que se encontraban.
¿Cómo no iban a separarse, entonces? Si su relación, pasado el entusiasmo inicial, la luna de miel o cualquier hecho que los haya forzado a despertarse y acostarse juntos por más de una semana, fue una larga pelea a quinientos rounds, a saber:
Beethoven vs. regatón.
Borges vs. revista Caras.
Fútbol vs. ballet.
Higiene vs. mugre.
Elegancia vs. mal gusto congénito.
Neurosis vs. psicosis.
Champagne vs. agua mineral.
Con dos frazadas vs. destapado.
Con luz vs. sin luz.
Con hijos vs. sin hijos.
Ultraderecha vs. izquierda intelectual.
New Agge vs. heavy metal.
Ravioles con tuco y crema vs. zanahoria rallada y yoghurt con salvado.
Y muchos "versus" más, tantos como "versos" se hicieron mutuamente al iniciar su romance. Moraleja: no hay como ser amado tal como uno es, y no ser como uno cree que debe ser para que lo amen, ¿me explico? La INCOMPATIBILIDAD DE CARACTERES, entonces, no es más que una mentira mutua del tamaño de un meteorito, que tarde o temprano cae por su propio peso. Casi siempre encima nuestro, para hacernos reaccionar. Como la manzana de Newton.
(Continúa en el libro...)

Cómo prepararse para la separación

(de mi fanpage del Manual de instrucciones para Recién Separadas en Facebook)

Una fan de la página me contó que se está preparando para ser R.S., y la verdad, me dejó pensando en cómo a veces insistimos en negar, aunque sea de la boca para afuera, que la pareja no va más y se avecina la separación.
Porque no hay separaciones sorpresivas. Todos los que hemos pasado por una ruptura (y a TODOS nos ha tocado alguna vez) sabemos bien que hay señales previas más o menos evidentes de que el barco se está yendo a pique. ¿Y qué hacemos? En lugar de ponernos el salvavidas y prepararnos para saltar, nos ponemos a sacar el agua con un jarrito, y en el colmo de la estupidez, cuando nos damos cuenta de que alguien nos mira simulamos regar las macetas.
Cuánto dolor nos evitaríamos si en lugar de ocultarnos la realidad nos sentáramos a conversar con el otro sobre la mejor manera de terminar la relación. Si nos decidiéramos a darle un final digno a esa relación que en algún momento nos hizo felices. Si nos despojáramos de los mandatos familiares, o sociales, que nos incitan a la confrontación, y nos abriéramos a la negociación.
No hace demasiado tiempo, a los enfermos desahuciados se los preparaba para el “buen morir” ayudándolos a resignarse, induciéndolos al perdón y la reconciliación con sus parientes y amigos, haciéndoles ver la conveniencia de poner en orden sus asuntos legales. Hoy, en cambio, la medicina se ha erigido en Dios y en lugar de aceptar la muerte la posterga con todos los medios a su alcance, algunos indignos e inhumanos.
Y esto último es lo que nos pasa frente a la separación: en lugar de resignarnos, aceptar que un ciclo se ha terminado, perdonar y solucionar nuestros asuntos legales con tranquilidad, nos enredamos en una larga agonía de a dos, en una guerra mezquina para ver quién se queda con más, sin darnos cuenta de que estamos demorando, solamente demorando, lo que tanto tememos: el final.
Mientras sea posible, a la pareja hay que intentar salvarla. Pero cuando ya no hay marcha atrás (y cuando uno de los dos dejó de querer, ya no hay marcha atrás), hay que procurarle, por el bien de nuestra propia salud mental, un “buen morir”.
Y cuando llegue el momento del último adiós, hacer como en los velorios de antes: un poco de llanto y de rezos, otro poco de anécdotas de tiempos felices, una ginebra por acá, un cafecito por allá, comida y bebida abundante para los parientes que vienen de lejos, y el finado durmiendo el sueño de los justos mientras a su alrededor, la vida sigue.

El maquillaje ideal para la Recién Separada

(de mi fanpage del Manual de instrucciones para Recién Separadas en Facebook)

Aprovecho que me han dejado un aviso aquí sobre una escuela de maquillaje para reflexionar junto a las R.S. sobre cómo debemos lucir en esta etapa tan especial de la vida.
Vamos primero a lo que no debe faltar en nuestro arsenal cosmético: el corrector de ojeras. Hay que tener varios y de distintos tonos, porque según la hora del día y/o las lágrimas que llevemos derramadas, nuestras ojeras irán desde un magenta suave al color berenjena. Lamento decirle, querida amiga, que la tiza mojada no sirve y el crayón blanco de los chicos, menos. Se va a tener que comprar unos buenos lápices correctores de ojeras de los más caros, si quiere que su rostro parezca descansado y saludable.
Una vez que haya cubierto sus ojeras, le vendría bien una base de maquillaje que le dé a su piel el aspecto aterciopelado que seguramente ha perdido. Y tal vez un poquito de rubor. No demasiado, no es cuestión de tener los cachetes colorados como el príncipe Carlos de Inglaterra.
Ahora vamos a los ojos. Rimmel a prueba de maremotos, porque una no sabe cuándo, cómo ni dónde se acordará de algo que le humedecerá los ojos de bronca, de tristeza o de nostalgia. Para la sombra, evite los colores tristes como el gris o la gama de los marrones, que la harán verse más melancólica.
Para la boca, elija un rouge discreto que resalte las forma de sus labios y le levante el ánimo, pero huya del colorado rabioso porque pueden pensar que anda buscando guerra, y no es cuestión. A menos que usted quiera buscar guerra, por supuesto, que está en todo su derecho y no seré yo quien se lo impida.
Si tiene más de 25, tampoco le aconsejo el morado o el negro; ya está grandecita para hacerse la gótica, o la dark, o la flogger.
Para las R.S., el maquillaje puede ser un buen aliado. La cara lavada no es para cualquiera porque nos deja el alma al descubierto, y cuando el alma anda de capa caída lo mejor que podemos hacer es darle una mano al espejo y pintarnos un poco. Un poquito, aunque sea. Con unos sabios toques de color y una sonrisa, la realidad es más llevadera. Y nuestra cara también, para los demás y para nosotras mismas.

lunes, 8 de marzo de 2010

Las mujeres y el poder

Hoy escuché en televisión, entre otras opiniones sobre el día de la mujer, las conquistas obtenidas y demás, a una señora que dijo que le gustaría que la mujer tuviera más poder. Y me quedé pensando en todo lo que puede abarcar la palabra "poder", y en cómo la usamos en un solo sentido. Hoy hablamos de poder casi exclusivamente para referirnos a la política o la economía. La presidente tiene poder; una diputada, una senadora, tienen poder; una empresaria o profesional exitosa tiene poder; una jueza tiene poder, una funcionaria tiene poder, la mujer, o la amante, de un "poderoso" tienen poder... y las demás, que somos la mayoría, nos quedamos afuera de la repartija y a llorar al campito.
Qué estupidez. A mí, que no me jodan. Yo soy más poderosa que todas ellas.
1) Yo tengo el poder de mantenerme firme en mi vocación y de hacer lo que siento, y como lo siento.
2) Yo tengo el poder de levantarle el ánimo a mis amigos con una broma o una palabra dulce.
3) Yo tengo el poder de la satisfacción del deber cumplido cuando hago algo bien, más allá del dinero que gane haciéndolo.
4) Yo tengo el poder de tener la conciencia limpia y en paz.
5) Yo tengo el poder de haber elegido el camino correcto a la hora de educar a una hija que no convivió con su papá. Pude haberle envenenado la cabeza y el alma, como hacen muchas mujeres, pero fui poderosa y elegí darle lo mejor de mí y enseñarle a sacar, y a dar, lo mejor de ella.
6) Yo tengo el poder de prescindir de lo que no me hace falta y de haber aprendido a vivir con lo indispensable.
7) Yo tengo el poder de hacer cosas que me gratifican aunque no me reporten dinero ni fama.
8) Yo tengo el poder de emocionarme y conmoverme sin sentirme débil.
9) Yo tengo el poder de vivir sin miedo al que dirán.
10) Yo tengo el poder de la imaginación, del amor, de la plenitud.
Y lo mejor de todo es que mi poder no depende de nadie más que de mí. A una presidente la pueden derrocar, a una jueza la pueden destituir, una empresaria se puede fundir, a una funcionaria le pueden pedir la renuncia, y la mujer del poderoso puede tener unos cuernos de exposición. Pero a mí, a la Gra Fernández, el poder de ser quien soy y cómo soy no me lo puede quitar nadie.