Hasta que publiqué mi primer libro, Manual de Instrucciones para Recién Separadas, jamás se me pasó por la cabeza que además de escribir tendría que aprender marketing, diseño gráfico, relaciones públicas, oratoria... Y que, para contrarrestar la ansiedad que me iba a producir todo eso y conservar aunque más no fuera un mínimo de inspiración, tendría que aprender también a meditar y relajarme.
Como mi percepción sobre los escritores y sus vidas era absurdamente romántica, el primer encontronazo con la realidad fue duro. Les cuento.
Ni bien salió el libro le llevé un ejemplar a la radio a Rebeca Bortoletto, una importante locutora y periodista de Córdoba a la que admiraba, con la esperanza de que lo leyera y lo comentara en su programa; yo la escuchaba todas las mañanas desde hacía varios años, y me ilusionaba conseguir su atención y su apoyo.
La esperé a la salida para entregárselo en persona; Rebeca me trató muy cordialmente, y a los poquitos días mi sueño se hizo realidad: ¡habló del libro! ¡Y en horario central, por si fuera poco!
Yo estaba eufórica. Gracias al comentario de Rebeca las mujeres harían cola en las librerías para comprar mi libro, que se agotaría en una semana. Ni bien se agotara lo reeditarían, y se convertiría en best seller, y me vendrían a buscar de las grandes editoriales para ofrecerme contratos millonarios. Y como Rebeca había sido mi mecenas, sería invitada de honor en su programa y su audiencia tendría siempre las primicias sobre mi carrera y mi vida.
Pero resulta que pasó una semana, y después un mes, y el libro dejó de estar en las vidrieras... y mis ilusiones de ser best seller se esfumaron, dejándome sumida en el desencanto y la incertidumbre.
¿Cómo podía ser? ¿Dónde estaban las oyentes de Rebeca cuando habló del libro, qué estaban haciendo esas mujeres, por qué no anotaron el nombre para salir a comprarlo urgente? ¿Se estaban bañando? ¿Estaban charlando con la vecina, justo en ese momento? ¿Se habían ido a hacer las compras? ¿Qué m... estaban haciendo, que se perdieron el comentario?
¿Cómo se promocionaba un libro? ¿Qué había que hacer para que la gente lo registrara y decidiera comprarlo?
La duda me ha seguido acompañando hasta el presente, y por si fuera poco, se sumó a la duda la certeza de que con escribir y hacerlo bien, no alcanza.
Escribir es el principio. Después viene lo demás; algunas tareas se pueden delegar para que las haga otro, pero cuando no hay con qué pagar, hay que arremangarse y hacerlas uno mismo. A saber::
Hay que ser carismático y empático, para tener más posibilidades de atraer lectores.
Hay que socializar en Facebook y en Twitter, y escribir bocadillos brillantes y originales.
Hay que tener página web o blog y actualizarlo casi todos los días.
Hay que aprender a diagramar libros digitales y hacer videos de presentación (book trailer, que le dicen)
Hay que aprender a cobrar por todo aquello que nos insuma tiempo: leer originales ajenos para dar una opinión, dar una charla, dar talleres de escritura.
Hay que aprender a negociar contratos.
Hay que conseguir contactos que nos ayuden a difundir lo que hacemos: periodistas, funcionarios...
Y hay que aprender a optimizar el tiempo para que después de hacer todo lo arriba enunciado nos quede aunque sea un rato para escribir libros, que en definitiva es lo que mejor sabemos hacer, y lo que más quisiéramos hacer.
Toda esta perorata viene a cuento porque me he pasado días y días sentada frente a la computadora dándole forma al "book trailer" de mi libro, cuando todavía no me había repuesto de los días y días que me pasé sentada frente a la computadora para armar yo solita la portada y corregir detalles de diagramación y edición.
Lo mío es así: artesanal, con mi sello y firma. Cuando no sé algo pregunto, y ni bien me dan la punta del ovillo me pongo a tejer, y tejo, y destejo, hasta que consigo hacer lo que necesito. Si me sale bien, los méritos son míos; si me sale mal, no tengo a quien echarle la culpa y lo más probable es que no pare hasta hacerlo bien.
Ese afán de conseguir la mejor calidad posible cueste lo que cueste me termina llevando a postergar proyectos y acciones. Y lo que es peor, muchas veces me ha pasado que otros concretan antes, desprolijamente y sin tantos melindres, esa idea genial que yo tenía en mente desde hacia años.
Pero con el libro digital decidí terminar con esa mala costumbre y hacerlo ya, aunque no saliera perfecto, aunque no tuviera un arsenal de herramientas on line para promocionarlo.
Al book trailer, también. Y así salió: sui géneris, cien por cien Fernández, igualito a mí.
Pasen y vean...
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sábado, 4 de febrero de 2012
martes, 31 de agosto de 2010
Tips para compartir la casa con su ex

(de Manual de instrucciones para Recién Separadas)
Hay de todo en las viñas del señor, hasta separados que viven juntos.
Puede ser porque la casa es tan valiosa que ninguno de los dos se quiere ir, o porque el hombre no gana lo suficiente como para alquilarse una casa, mantenerse y pagar la cuota alimentaria. O porque se han acostumbrado a molestarse mutuamente y no conocen otra forma de relacionarse. O porque son co-dependientes...
Cualquiera sea la causa, lo cierto es que conviven y lo que es peor, a veces hasta duermen en la misma cama. Y no es sencillo; es una convivencia que requiere diez toneladas de flema inglesa, el pragmatismo amoroso de los holandeses, un master en PNL y una licenciatura en filosofía Zen.
Pero como somos gente común y corriente y no tenemos nada de eso, aquí van unos consejitos por si alguna vez le toca; con las crisis mundiales y su efecto en el bolsillo, nunca se sabe...
1) Si la casa es grande, podrán tener cuartos separados. Para las zonas de uso compartido (cocina, baño) haga de cuenta que está en un hostel y pacte con su ex los horarios de uso, aunque lo ideal sería convertir la casa en dos viviendas independientes. Esta opción es comodísima: los chicos, para estar con su papá, sólo tienen que salir por una puerta y entrar por otra. Y todos felices, o casi.
2) Si no tiene más remedio que compartir el dormitorio, cambie la cama grande por dos de una plaza. Para mayor intimidad, puede separarlas con un biombo o una cortina, como en los hospitales.
2) Sería bueno aclararle a su ex que no es un huésped, ni usted su sirvienta, y que deberá lavar cada plato que ensucie, secar el baño, tenderse su cama, lavarse la ropa y planchársela. Y cocinar día por medio.
3) Opciones a la hora de dormir para no compartir la habitación. La clásica: usted en la cama, él en el sofá del living. Si no hay sofá, habrá que armarle un catre. Si no hay espacio para el catre, puede agregar una cucheta en el cuarto de los chicos. Si no hay lugar para cuchetas, a dormir a la bañera. Si no hay bañera, ármele una cama dentro del placard, debajo de la mesa o en cualquier lugar donde no estorbe el paso.
4) Si él insiste en compartir la cama grande, puede irse usted. Dormirá incómoda, pero tranquila.
Si ninguno de los dos quiere renunciar a la cama grande, pruebe alguno de estos trucos para mantenerlo lejos:
1) Consígase un almohadón cilíndrico bien largo, de esos que se usan como respaldo de sofá, sáquele un poco de relleno, métale a presión unas cuantas piedras y póngalo entre usted y él.
2) Cómprese un rottweiler ya crecidito y hágalo dormir en el medio de la cama.
3) Saque de la biblioteca todas las enciclopedias y diccionarios que tenga, y divida la cama en dos con una sólida barricada de libros.
4) Hay otra opción, pero es medio asquerosa: no se bañe, no se lave los dientes, no cambie las sábanas, coma guisos todas las noches y tírese sin ningún pudor gases nauseabundos hasta que él, obligado por el hedor, decida abandonar la cama y se vaya a dormir a otra parte. El fin justifica los medios...
jueves, 15 de julio de 2010
El matrimonio gay y las Recién Separadas
(de mi fanpage del Manual de instrucciones para Recién Separadas en Facebook)
Ay, chicas, como éramos pocas pronto se agregarán a nuestras lides los esposas y las esposos de los matrimonios homosexuales que terminarán en divorcio.
No hay ningún error, leyeron bien: LOS esposas y LAS esposos, eso escribí. Es que con esto del matrimonio entre personas del mismo sexo, capaz que tengamos que reveer también la cuestión de los roles dentro de la pareja legalmente casada, que antes estaban de lo más claros: el marido, la mujer, y ahí paramos de contar.
No hace demasiados años que los más evolucionados dejaron de lllamar a su cónyuge esposo o esposa, y comenzaron a llamarlo simplemente "pareja". Esto se daba (y se da), sobre todo, en las uniones de quienes no han pasado por el registro civil. Uno dice "mi pareja", y queda de alguna manera implícito que se acuesta con esa persona, o vive con ella, pero que no está formalmente casado. Bueno, ahora con el matrimonio igualitario se acabaron los maridos y mujeres, los esposos y esposas: todos, supongo, pasaremos a ser "pareja" o "cónyuge" a secas, sin distinción de sexo. Como para no errarle. O habrá matrimonios con dos esposas y ningún esposo, y viceversa.
A mí, lo de andar diciendo "mi marido" siempre me sonó más a declaración de ser propietaria de un macho proveedor que a otra cosa. Y lo de "pareja" me gusta, porque pone la unión, la paridad, por encima de la propiedad. Así que si es por mí, pueden ir derogando ya mismo las palabras marido, esposo, esposa, mujer o señora, y que todos seamos simplemente la "pareja" de alguien. Cónyuge no, suena feo. "Te presento a mi cónyuge...", "Dejame consultarlo con mi cónyuge..." "Mi ex cónyuge..." Naaaa, prefiero pareja, nomás.
Eso sí: creo que voy a tener que retocar el libro antes de reeditarlo, para ponerme a tono con los nuevos tiempos. Por lo menos acá en Argentina. Voy a tener que eliminar la palabra "marido " y reemplazarla por "pareja", para que sea más universal.
¡Por una ver en mi vida, tengo que anticiparme a los hechos! Porque cuando empiece el aluvión de divorcios gays, mi libro tiene que estar al alcance de todas las RS, sean del sexo que sean.
Ay, chicas, como éramos pocas pronto se agregarán a nuestras lides los esposas y las esposos de los matrimonios homosexuales que terminarán en divorcio.
No hay ningún error, leyeron bien: LOS esposas y LAS esposos, eso escribí. Es que con esto del matrimonio entre personas del mismo sexo, capaz que tengamos que reveer también la cuestión de los roles dentro de la pareja legalmente casada, que antes estaban de lo más claros: el marido, la mujer, y ahí paramos de contar.
No hace demasiados años que los más evolucionados dejaron de lllamar a su cónyuge esposo o esposa, y comenzaron a llamarlo simplemente "pareja". Esto se daba (y se da), sobre todo, en las uniones de quienes no han pasado por el registro civil. Uno dice "mi pareja", y queda de alguna manera implícito que se acuesta con esa persona, o vive con ella, pero que no está formalmente casado. Bueno, ahora con el matrimonio igualitario se acabaron los maridos y mujeres, los esposos y esposas: todos, supongo, pasaremos a ser "pareja" o "cónyuge" a secas, sin distinción de sexo. Como para no errarle. O habrá matrimonios con dos esposas y ningún esposo, y viceversa.
A mí, lo de andar diciendo "mi marido" siempre me sonó más a declaración de ser propietaria de un macho proveedor que a otra cosa. Y lo de "pareja" me gusta, porque pone la unión, la paridad, por encima de la propiedad. Así que si es por mí, pueden ir derogando ya mismo las palabras marido, esposo, esposa, mujer o señora, y que todos seamos simplemente la "pareja" de alguien. Cónyuge no, suena feo. "Te presento a mi cónyuge...", "Dejame consultarlo con mi cónyuge..." "Mi ex cónyuge..." Naaaa, prefiero pareja, nomás.

Eso sí: creo que voy a tener que retocar el libro antes de reeditarlo, para ponerme a tono con los nuevos tiempos. Por lo menos acá en Argentina. Voy a tener que eliminar la palabra "marido " y reemplazarla por "pareja", para que sea más universal.
¡Por una ver en mi vida, tengo que anticiparme a los hechos! Porque cuando empiece el aluvión de divorcios gays, mi libro tiene que estar al alcance de todas las RS, sean del sexo que sean.
jueves, 1 de julio de 2010
¿Qué podemos encontrar en la cama de una Recién Separada?
(de Manual de instrucciones para Recién Separadas)
Bien lo dice Serrat en una de sus canciones más bellas: Romance de Curro el Palmo:
"Ay, mi amor, sin ti no entiendo el despertar
ay, mi amor, sin tí mi cama es anchaaaa..."
.jpg)
Cuando él se va, queda un espacio vacío que hay que llenar con algo para que su ausencia no sea tan evidente. Es por eso que, con el paso de los días, la cama de la R.S. puede llegar a albergar una o varias de estas cosas, o todas juntas, en relación directamente proporcional con el volumen del ausente.
A saber:
1) Almohadones, almohaditas, ositos de peluche y mantas decorativas que, oh casualidad, al hacerlas a un lado para acostarse se disponen por sí mismas formando un bulto largo y con forma humanoide.
2) Libros, diarios y revistas.
3) Cds de música con su correspondiente reproductor, radiograbador que le dicen.
4) La notebook, papeles y lapiceras, apuntes de la facultad.
5) Cajas de bombones, etiquetas de cigarrillo, y bien resguardada por dos almohadones, una botella de licor de chocolate.
6) Los huesos de juguete del perro, la manta del perro... y el perro.
7) Ídem el punto anterior, pero con el gato.
8) El tejido, las madejas de lana, las agujas y la revista de la que sacó el modelo que está tejiendo.
9) El equipo completo para hacerse las manos y los pies, más la pincita de depilar y el espejo con aumento.
10) En medio de todo eso: el control remoto de la TV y la video, las gotas para la nariz, los anteojos de leer, el teléfono celular, los pañuelos descartables, la ropa que se sacó al acostarse, la que se pondrá al día siguiente, la que sacó para ver cómo le quedaba y no volvió a guardar, una caja con fotos de cuando eran novios (y sí, somos masoquistas, a veces...) y la bandeja para comer en la cama.
Hay otros objetos que tienen por finalidad suplir alguna carencia afectiva o física, como la bolsa de agua caliente en lugar de sus pies para calentar los nuestros. Y lo dejamos acá, porque no quiero meterme en terreno pantanoso...
Bien lo dice Serrat en una de sus canciones más bellas: Romance de Curro el Palmo:
"Ay, mi amor, sin ti no entiendo el despertar
ay, mi amor, sin tí mi cama es anchaaaa..."
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Cuando él se va, queda un espacio vacío que hay que llenar con algo para que su ausencia no sea tan evidente. Es por eso que, con el paso de los días, la cama de la R.S. puede llegar a albergar una o varias de estas cosas, o todas juntas, en relación directamente proporcional con el volumen del ausente.
A saber:
1) Almohadones, almohaditas, ositos de peluche y mantas decorativas que, oh casualidad, al hacerlas a un lado para acostarse se disponen por sí mismas formando un bulto largo y con forma humanoide.
2) Libros, diarios y revistas.
3) Cds de música con su correspondiente reproductor, radiograbador que le dicen.
4) La notebook, papeles y lapiceras, apuntes de la facultad.
5) Cajas de bombones, etiquetas de cigarrillo, y bien resguardada por dos almohadones, una botella de licor de chocolate.
6) Los huesos de juguete del perro, la manta del perro... y el perro.
7) Ídem el punto anterior, pero con el gato.
8) El tejido, las madejas de lana, las agujas y la revista de la que sacó el modelo que está tejiendo.
9) El equipo completo para hacerse las manos y los pies, más la pincita de depilar y el espejo con aumento.
10) En medio de todo eso: el control remoto de la TV y la video, las gotas para la nariz, los anteojos de leer, el teléfono celular, los pañuelos descartables, la ropa que se sacó al acostarse, la que se pondrá al día siguiente, la que sacó para ver cómo le quedaba y no volvió a guardar, una caja con fotos de cuando eran novios (y sí, somos masoquistas, a veces...) y la bandeja para comer en la cama.
Hay otros objetos que tienen por finalidad suplir alguna carencia afectiva o física, como la bolsa de agua caliente en lugar de sus pies para calentar los nuestros. Y lo dejamos acá, porque no quiero meterme en terreno pantanoso...
domingo, 27 de junio de 2010
Cómo aprovechar las distracciones futboleras de los hombres
(de mi fanpage del Manual de instrucciones para Recién Separadas en Facebook)
En estos días de varones obnubilados por el fixture, los arbitrajes, las cábalas y la taquicardia pre y post tiro de esquina, las mujeres podemos hacer cambios en nuestra anatomía y en el entorno familiar sin que a ellos se les mueva un pelo, porque no se van a dar cuenta. En otras palabras: él romperá menos las pelotas, porque estará estúpido mirando LA pelota.
Anoten, chicas, todo lo que podemos hacer:
1) Contratar un profesional para que termine de pintar la pieza de los chicos, esa que él dejó por la mitad y quedó como si la hubiera lamido una vaca.
2) Teñirnos, hacernos la permanente o esculpirnos las uñas sin tener que aguantar sus protestas por lo que gastamos o por lo mal que según él nos queda.
3) Cambiar el pesado juego de comedor de estilo barroco, herencia de la bisabuela de él, por uno más moderno, fácil de limpiar y que ocupe menos espacio
4) Renovar en el jardín las petunias, pensamientos, violetas de los Alpes y todas esas plantas delicadas y coloridas que él odia, y que nos destroza cada vez que juega con el perro o corta el pasto.
5) Coquetear con el electricista para que, además de cambiar los tomacorrientes de la cocina, por el mismo precio nos ponga un par de farolas en el jardín.
6) Adoptar un gato o perro callejero. Es más, el bicho podrá tirarse a dormir en el sofá junto a él mientras mira el partido, que no lo va a registrar.
7) Hacer dieta. Cada vez que con la excusa de mirar un partido él se vaya a comer un asado con los amigos, podemos aprovechar para desintoxicarnos con verduritas al vapor, arroz integral y ensalada de ajo y achicoria.
8) Si él acostumbra mirar los partidos en casa y no lo soportamos, pedirle a alguno de sus amigos que lo invite a verlos en un bar; es la única forma de que nosotras los podamos ver tranquilas sin que nos taladre los oídos con sus gritos de cavernícola en celo ante cada jugada peligrosa.
Una R.S. también podrá obtener algunas ventajas durante el mundial, aunque no tan notorias:
1) Si tiene hijos varones, seguramente su ex querrá tenerlos con él cuando vea los partidos. Aproveche para quebrantar el riguroso régimen de visitas que fijó la justicia y déjelo que se lleve a los nenes a la hora que quiera, y el día que quiera; cuando usted necesite que le devuelva la atención quedándose con los chicos un día que no le corresponda, él no se podrá negar. Y si se niega, con recordarle que usted ya fue generosa durante el mundial tendrá con qué negociar.
2) Si su ex no se los pide para ver el partido con ellos pero el papá de él, el abuelo de los chicos, es futbolero, dígale que los nietos estarían contentísimos de ver el partido con el nono y mándeselos vestidos para la ocasión, camisetas y cornetas incluidas. Y usted, descanse y mire el partido en paz, o aproveche para hacerse una limpieza de cutis, darse un baño de pies con sales relajantes, depilarse los bigotes con cera y todas esas cosas que los chicos no la dejan hacer tranquila.
3) Cada vez que gane la selección de su país, aproveche el estado de euforia de su ex (y el suyo propio) para pedirle con una sonrisa plata, o zapatos para los chicos, o cualquier cosa que necesite. Si lo agarra en caliente y con el grito de gol todavía resonándole en los oídos, puede que le sea más fácil convencerlo o sacarle unos pesos extra.
Pero si él se desaparece durante todo el mes porque está tan ocupado viendo los partidos que ni se acuerda de sus hijos, no le quedará otra que llenar el hueco lo mejor que pueda. Mi consejo es que respire hondo, se relaje y disfrute con los chicos el mundial, salga a gritar a la vereda con ellos, invite a los amiguitos a ver el partido con ustedes y toque la vuvuzela a todo pulmón. Sus hijos tendrán un recuerdo hermoso de su mamá, la pasarán bien y sufrirán menos la ausencia del padre.
En estos días de varones obnubilados por el fixture, los arbitrajes, las cábalas y la taquicardia pre y post tiro de esquina, las mujeres podemos hacer cambios en nuestra anatomía y en el entorno familiar sin que a ellos se les mueva un pelo, porque no se van a dar cuenta. En otras palabras: él romperá menos las pelotas, porque estará estúpido mirando LA pelota.
Anoten, chicas, todo lo que podemos hacer:1) Contratar un profesional para que termine de pintar la pieza de los chicos, esa que él dejó por la mitad y quedó como si la hubiera lamido una vaca.
2) Teñirnos, hacernos la permanente o esculpirnos las uñas sin tener que aguantar sus protestas por lo que gastamos o por lo mal que según él nos queda.
3) Cambiar el pesado juego de comedor de estilo barroco, herencia de la bisabuela de él, por uno más moderno, fácil de limpiar y que ocupe menos espacio
4) Renovar en el jardín las petunias, pensamientos, violetas de los Alpes y todas esas plantas delicadas y coloridas que él odia, y que nos destroza cada vez que juega con el perro o corta el pasto.
5) Coquetear con el electricista para que, además de cambiar los tomacorrientes de la cocina, por el mismo precio nos ponga un par de farolas en el jardín.
6) Adoptar un gato o perro callejero. Es más, el bicho podrá tirarse a dormir en el sofá junto a él mientras mira el partido, que no lo va a registrar.
7) Hacer dieta. Cada vez que con la excusa de mirar un partido él se vaya a comer un asado con los amigos, podemos aprovechar para desintoxicarnos con verduritas al vapor, arroz integral y ensalada de ajo y achicoria.
8) Si él acostumbra mirar los partidos en casa y no lo soportamos, pedirle a alguno de sus amigos que lo invite a verlos en un bar; es la única forma de que nosotras los podamos ver tranquilas sin que nos taladre los oídos con sus gritos de cavernícola en celo ante cada jugada peligrosa.
Una R.S. también podrá obtener algunas ventajas durante el mundial, aunque no tan notorias:
1) Si tiene hijos varones, seguramente su ex querrá tenerlos con él cuando vea los partidos. Aproveche para quebrantar el riguroso régimen de visitas que fijó la justicia y déjelo que se lleve a los nenes a la hora que quiera, y el día que quiera; cuando usted necesite que le devuelva la atención quedándose con los chicos un día que no le corresponda, él no se podrá negar. Y si se niega, con recordarle que usted ya fue generosa durante el mundial tendrá con qué negociar.
2) Si su ex no se los pide para ver el partido con ellos pero el papá de él, el abuelo de los chicos, es futbolero, dígale que los nietos estarían contentísimos de ver el partido con el nono y mándeselos vestidos para la ocasión, camisetas y cornetas incluidas. Y usted, descanse y mire el partido en paz, o aproveche para hacerse una limpieza de cutis, darse un baño de pies con sales relajantes, depilarse los bigotes con cera y todas esas cosas que los chicos no la dejan hacer tranquila.
3) Cada vez que gane la selección de su país, aproveche el estado de euforia de su ex (y el suyo propio) para pedirle con una sonrisa plata, o zapatos para los chicos, o cualquier cosa que necesite. Si lo agarra en caliente y con el grito de gol todavía resonándole en los oídos, puede que le sea más fácil convencerlo o sacarle unos pesos extra.
Pero si él se desaparece durante todo el mes porque está tan ocupado viendo los partidos que ni se acuerda de sus hijos, no le quedará otra que llenar el hueco lo mejor que pueda. Mi consejo es que respire hondo, se relaje y disfrute con los chicos el mundial, salga a gritar a la vereda con ellos, invite a los amiguitos a ver el partido con ustedes y toque la vuvuzela a todo pulmón. Sus hijos tendrán un recuerdo hermoso de su mamá, la pasarán bien y sufrirán menos la ausencia del padre.
viernes, 23 de abril de 2010
Charla - debate sobre mi libro en "Sólo porque quiero"
(de mi fanpage del Manual de instrucciones para Recién Separadas en Facebook)
Hace unos días me descubrió acá en Facebook Fernando Ortiz, creador de “Sólo porque quiero”, un multiespacio pensado para gente piola que quiere estar en buena compañía y hacer cosas que le gustan. Fernando entró a la página del Manual, le interesó lo que leyó, me contactó y me invitó a participar en uno de sus miércoles temáticos. Y allá fui.
A eso de las diez, cuando llegaron las empanadas, el grupo era lo bastante grande como para colmar el espacioso living, cerca de 30 personas. Algunos ya se conocían de encuentros anteriores, otros era la primera vez que venían, pero todos tenían algo en común, que se notaba en el ambiente: las ganas de pasarla bien, de distenderse, de tomarse un recreo.
Después de la presentación del invitado (¡yo!) con un video alusivo, una paquetería que me hizo sentir de lo más importante, les conté algo sobre mí: cómo había escrito el libro y lo había editado, mis expectativas y lo que había pasado con los lectores, y enseguida comenzó el intercambio de opiniones. Fernando y Verónica Minardi eran los encargados de moderar, algo que por momentos se hacía difícil en medio de las risas, las bromas o las protestas cuando alguien decía algo que los demás no compartían.
Hernán Lanvers, escritor cordobés que había estado el miércoles anterior hablando sobre sus novelas y sus experiencias en África, fue uno de los primeros en hacernos poner el grito en el cielo a las mujeres: según él, cuando uno consigue lo que quería el deseo muere y entonces tiene que buscar otro objeto de deseo. A partir de ahí, los que se animaron a opinar se explayaron y el debate fue tomando color, y calor. Nadie parecía querer quedarse callado. Ni les cuento lo que fue cuando hablamos de “la otra”, el tema más polémico de la noche.
Sé que todos nos fuimos con algo en qué pensar. A mí, personalmente, la charla me sirvió para corroborar cuánto nos cuesta entender que hombres y mujeres somos diferentes. No mejores, ni peores, diferentes. Si de verdad lo entendiéramos, no esperaríamos cosas que el otro no puede o no sabe dar.
Y cuánto nos cuesta (digo “nos” porque me incluyo) escuchar. Escuchamos pensando en cómo responder, en lugar de prestarle atención a lo que el otro está diciendo. Lo hacemos en todos los ámbitos de la vida, con todas nuestras relaciones, incluida, por supuesto, la pareja. Si aprendiéramos a escuchar con el corazón, sin sentirnos obligados a refutar lo que el otro dijo, ni a convencerlo de que está equivocado, ni a darle nuestra propia opinión, seguramente no habría tantos desencuentros... ni tantas recién separadas.
Pero como las hay, y como me hace bien levantarles el ánimo, sigo tomando nota de lo que veo y escucho para la próxima edición del libro, corregida y aumentada.
Hace unos días me descubrió acá en Facebook Fernando Ortiz, creador de “Sólo porque quiero”, un multiespacio pensado para gente piola que quiere estar en buena compañía y hacer cosas que le gustan. Fernando entró a la página del Manual, le interesó lo que leyó, me contactó y me invitó a participar en uno de sus miércoles temáticos. Y allá fui.
A eso de las diez, cuando llegaron las empanadas, el grupo era lo bastante grande como para colmar el espacioso living, cerca de 30 personas. Algunos ya se conocían de encuentros anteriores, otros era la primera vez que venían, pero todos tenían algo en común, que se notaba en el ambiente: las ganas de pasarla bien, de distenderse, de tomarse un recreo.
Después de la presentación del invitado (¡yo!) con un video alusivo, una paquetería que me hizo sentir de lo más importante, les conté algo sobre mí: cómo había escrito el libro y lo había editado, mis expectativas y lo que había pasado con los lectores, y enseguida comenzó el intercambio de opiniones. Fernando y Verónica Minardi eran los encargados de moderar, algo que por momentos se hacía difícil en medio de las risas, las bromas o las protestas cuando alguien decía algo que los demás no compartían. Hernán Lanvers, escritor cordobés que había estado el miércoles anterior hablando sobre sus novelas y sus experiencias en África, fue uno de los primeros en hacernos poner el grito en el cielo a las mujeres: según él, cuando uno consigue lo que quería el deseo muere y entonces tiene que buscar otro objeto de deseo. A partir de ahí, los que se animaron a opinar se explayaron y el debate fue tomando color, y calor. Nadie parecía querer quedarse callado. Ni les cuento lo que fue cuando hablamos de “la otra”, el tema más polémico de la noche.
Sé que todos nos fuimos con algo en qué pensar. A mí, personalmente, la charla me sirvió para corroborar cuánto nos cuesta entender que hombres y mujeres somos diferentes. No mejores, ni peores, diferentes. Si de verdad lo entendiéramos, no esperaríamos cosas que el otro no puede o no sabe dar.
Y cuánto nos cuesta (digo “nos” porque me incluyo) escuchar. Escuchamos pensando en cómo responder, en lugar de prestarle atención a lo que el otro está diciendo. Lo hacemos en todos los ámbitos de la vida, con todas nuestras relaciones, incluida, por supuesto, la pareja. Si aprendiéramos a escuchar con el corazón, sin sentirnos obligados a refutar lo que el otro dijo, ni a convencerlo de que está equivocado, ni a darle nuestra propia opinión, seguramente no habría tantos desencuentros... ni tantas recién separadas.
Pero como las hay, y como me hace bien levantarles el ánimo, sigo tomando nota de lo que veo y escucho para la próxima edición del libro, corregida y aumentada.
lunes, 12 de abril de 2010
Causales de divorcio
(de Manual de instrucciones para Recién Separadas)
Todos sabemos que la incompatibilidad de caracteres es una de las principales causas de separación.
Lo que pasa es que al principio ambos están tan ocupados tratando de atraerse mutuamente que no se dan cuenta de que no son compatibles, y además mienten como si decir la verdad fuera pecado. Si ella se enteraba de que a él le gustaba Wagner, ella AMABA a Wagner aunque no supiera quién era ese tipo. Si él se enteraba de que ella amaba los gatos, él los ADORABA, aunque después estuviera tres meses lleno de canchas porque en realidad les tenía alergia. ¿Una contradicción? Jamás. ¿Opiniones distintas? Nunca, nunca. El uno para el otro, el talle justo, la medida exacta y una eterna sonrisa como de propaganda de dentífrico cada vez que se encontraban.
¿Cómo no iban a separarse, entonces? Si su relación, pasado el entusiasmo inicial, la luna de miel o cualquier hecho que los haya forzado a despertarse y acostarse juntos por más de una semana, fue una larga pelea a quinientos rounds, a saber:
Beethoven vs. regatón.
Borges vs. revista Caras.
Fútbol vs. ballet.
Higiene vs. mugre.
Elegancia vs. mal gusto congénito.
Neurosis vs. psicosis.
Champagne vs. agua mineral.
Con dos frazadas vs. destapado.
Con luz vs. sin luz.
Con hijos vs. sin hijos.
Ultraderecha vs. izquierda intelectual.
New Agge vs. heavy metal.
Ravioles con tuco y crema vs. zanahoria rallada y yoghurt con salvado.
Y muchos "versus" más, tantos como "versos" se hicieron mutuamente al iniciar su romance. Moraleja: no hay como ser amado tal como uno es, y no ser como uno cree que debe ser para que lo amen, ¿me explico? La INCOMPATIBILIDAD DE CARACTERES, entonces, no es más que una mentira mutua del tamaño de un meteorito, que tarde o temprano cae por su propio peso. Casi siempre encima nuestro, para hacernos reaccionar. Como la manzana de Newton.
(Continúa en el libro...)
Todos sabemos que la incompatibilidad de caracteres es una de las principales causas de separación.
Lo que pasa es que al principio ambos están tan ocupados tratando de atraerse mutuamente que no se dan cuenta de que no son compatibles, y además mienten como si decir la verdad fuera pecado. Si ella se enteraba de que a él le gustaba Wagner, ella AMABA a Wagner aunque no supiera quién era ese tipo. Si él se enteraba de que ella amaba los gatos, él los ADORABA, aunque después estuviera tres meses lleno de canchas porque en realidad les tenía alergia. ¿Una contradicción? Jamás. ¿Opiniones distintas? Nunca, nunca. El uno para el otro, el talle justo, la medida exacta y una eterna sonrisa como de propaganda de dentífrico cada vez que se encontraban.
¿Cómo no iban a separarse, entonces? Si su relación, pasado el entusiasmo inicial, la luna de miel o cualquier hecho que los haya forzado a despertarse y acostarse juntos por más de una semana, fue una larga pelea a quinientos rounds, a saber:
Beethoven vs. regatón.
Borges vs. revista Caras.
Fútbol vs. ballet.
Higiene vs. mugre.
Elegancia vs. mal gusto congénito.
Neurosis vs. psicosis.
Champagne vs. agua mineral.
Con dos frazadas vs. destapado.
Con luz vs. sin luz.
Con hijos vs. sin hijos.
Ultraderecha vs. izquierda intelectual.
New Agge vs. heavy metal.
Ravioles con tuco y crema vs. zanahoria rallada y yoghurt con salvado.
Y muchos "versus" más, tantos como "versos" se hicieron mutuamente al iniciar su romance. Moraleja: no hay como ser amado tal como uno es, y no ser como uno cree que debe ser para que lo amen, ¿me explico? La INCOMPATIBILIDAD DE CARACTERES, entonces, no es más que una mentira mutua del tamaño de un meteorito, que tarde o temprano cae por su propio peso. Casi siempre encima nuestro, para hacernos reaccionar. Como la manzana de Newton.
(Continúa en el libro...)
Cómo prepararse para la separación
(de mi fanpage del Manual de instrucciones para Recién Separadas en Facebook)
Una fan de la página me contó que se está preparando para ser R.S., y la verdad, me dejó pensando en cómo a veces insistimos en negar, aunque sea de la boca para afuera, que la pareja no va más y se avecina la separación.
Porque no hay separaciones sorpresivas. Todos los que hemos pasado por una ruptura (y a TODOS nos ha tocado alguna vez) sabemos bien que hay señales previas más o menos evidentes de que el barco se está yendo a pique. ¿Y qué hacemos? En lugar de ponernos el salvavidas y prepararnos para saltar, nos ponemos a sacar el agua con un jarrito, y en el colmo de la estupidez, cuando nos damos cuenta de que alguien nos mira simulamos regar las macetas.
Cuánto dolor nos evitaríamos si en lugar de ocultarnos la realidad nos sentáramos a conversar con el otro sobre la mejor manera de terminar la relación. Si nos decidiéramos a darle un final digno a esa relación que en algún momento nos hizo felices. Si nos despojáramos de los mandatos familiares, o sociales, que nos incitan a la confrontación, y nos abriéramos a la negociación.
No hace demasiado tiempo, a los enfermos desahuciados se los preparaba para el “buen morir” ayudándolos a resignarse, induciéndolos al perdón y la reconciliación con sus parientes y amigos, haciéndoles ver la conveniencia de poner en orden sus asuntos legales. Hoy, en cambio, la medicina se ha erigido en Dios y en lugar de aceptar la muerte la posterga con todos los medios a su alcance, algunos indignos e inhumanos.
Y esto último es lo que nos pasa frente a la separación: en lugar de resignarnos, aceptar que un ciclo se ha terminado, perdonar y solucionar nuestros asuntos legales con tranquilidad, nos enredamos en una larga agonía de a dos, en una guerra mezquina para ver quién se queda con más, sin darnos cuenta de que estamos demorando, solamente demorando, lo que tanto tememos: el final.
Mientras sea posible, a la pareja hay que intentar salvarla. Pero cuando ya no hay marcha atrás (y cuando uno de los dos dejó de querer, ya no hay marcha atrás), hay que procurarle, por el bien de nuestra propia salud mental, un “buen morir”.
Y cuando llegue el momento del último adiós, hacer como en los velorios de antes: un poco de llanto y de rezos, otro poco de anécdotas de tiempos felices, una ginebra por acá, un cafecito por allá, comida y bebida abundante para los parientes que vienen de lejos, y el finado durmiendo el sueño de los justos mientras a su alrededor, la vida sigue.
Una fan de la página me contó que se está preparando para ser R.S., y la verdad, me dejó pensando en cómo a veces insistimos en negar, aunque sea de la boca para afuera, que la pareja no va más y se avecina la separación.
Porque no hay separaciones sorpresivas. Todos los que hemos pasado por una ruptura (y a TODOS nos ha tocado alguna vez) sabemos bien que hay señales previas más o menos evidentes de que el barco se está yendo a pique. ¿Y qué hacemos? En lugar de ponernos el salvavidas y prepararnos para saltar, nos ponemos a sacar el agua con un jarrito, y en el colmo de la estupidez, cuando nos damos cuenta de que alguien nos mira simulamos regar las macetas.
Cuánto dolor nos evitaríamos si en lugar de ocultarnos la realidad nos sentáramos a conversar con el otro sobre la mejor manera de terminar la relación. Si nos decidiéramos a darle un final digno a esa relación que en algún momento nos hizo felices. Si nos despojáramos de los mandatos familiares, o sociales, que nos incitan a la confrontación, y nos abriéramos a la negociación.
No hace demasiado tiempo, a los enfermos desahuciados se los preparaba para el “buen morir” ayudándolos a resignarse, induciéndolos al perdón y la reconciliación con sus parientes y amigos, haciéndoles ver la conveniencia de poner en orden sus asuntos legales. Hoy, en cambio, la medicina se ha erigido en Dios y en lugar de aceptar la muerte la posterga con todos los medios a su alcance, algunos indignos e inhumanos.
Y esto último es lo que nos pasa frente a la separación: en lugar de resignarnos, aceptar que un ciclo se ha terminado, perdonar y solucionar nuestros asuntos legales con tranquilidad, nos enredamos en una larga agonía de a dos, en una guerra mezquina para ver quién se queda con más, sin darnos cuenta de que estamos demorando, solamente demorando, lo que tanto tememos: el final.
Mientras sea posible, a la pareja hay que intentar salvarla. Pero cuando ya no hay marcha atrás (y cuando uno de los dos dejó de querer, ya no hay marcha atrás), hay que procurarle, por el bien de nuestra propia salud mental, un “buen morir”.
Y cuando llegue el momento del último adiós, hacer como en los velorios de antes: un poco de llanto y de rezos, otro poco de anécdotas de tiempos felices, una ginebra por acá, un cafecito por allá, comida y bebida abundante para los parientes que vienen de lejos, y el finado durmiendo el sueño de los justos mientras a su alrededor, la vida sigue.
El maquillaje ideal para la Recién Separada
(de mi fanpage del Manual de instrucciones para Recién Separadas en Facebook)
Aprovecho que me han dejado un aviso aquí sobre una escuela de maquillaje para reflexionar junto a las R.S. sobre cómo debemos lucir en esta etapa tan especial de la vida.
Vamos primero a lo que no debe faltar en nuestro arsenal cosmético: el corrector de ojeras. Hay que tener varios y de distintos tonos, porque según la hora del día y/o las lágrimas que llevemos derramadas, nuestras ojeras irán desde un magenta suave al color berenjena. Lamento decirle, querida amiga, que la tiza mojada no sirve y el crayón blanco de los chicos, menos. Se va a tener que comprar unos buenos lápices correctores de ojeras de los más caros, si quiere que su rostro parezca descansado y saludable.
Una vez que haya cubierto sus ojeras, le vendría bien una base de maquillaje que le dé a su piel el aspecto aterciopelado que seguramente ha perdido. Y tal vez un poquito de rubor. No demasiado, no es cuestión de tener los cachetes colorados como el príncipe Carlos de Inglaterra.
Ahora vamos a los ojos. Rimmel a prueba de maremotos, porque una no sabe cuándo, cómo ni dónde se acordará de algo que le humedecerá los ojos de bronca, de tristeza o de nostalgia. Para la sombra, evite los colores tristes como el gris o la gama de los marrones, que la harán verse más melancólica.
Para la boca, elija un rouge discreto que resalte las forma de sus labios y le levante el ánimo, pero huya del colorado rabioso porque pueden pensar que anda buscando guerra, y no es cuestión. A menos que usted quiera buscar guerra, por supuesto, que está en todo su derecho y no seré yo quien se lo impida.
Si tiene más de 25, tampoco le aconsejo el morado o el negro; ya está grandecita para hacerse la gótica, o la dark, o la flogger.
Para las R.S., el maquillaje puede ser un buen aliado. La cara lavada no es para cualquiera porque nos deja el alma al descubierto, y cuando el alma anda de capa caída lo mejor que podemos hacer es darle una mano al espejo y pintarnos un poco. Un poquito, aunque sea. Con unos sabios toques de color y una sonrisa, la realidad es más llevadera. Y nuestra cara también, para los demás y para nosotras mismas.
Aprovecho que me han dejado un aviso aquí sobre una escuela de maquillaje para reflexionar junto a las R.S. sobre cómo debemos lucir en esta etapa tan especial de la vida.
Vamos primero a lo que no debe faltar en nuestro arsenal cosmético: el corrector de ojeras. Hay que tener varios y de distintos tonos, porque según la hora del día y/o las lágrimas que llevemos derramadas, nuestras ojeras irán desde un magenta suave al color berenjena. Lamento decirle, querida amiga, que la tiza mojada no sirve y el crayón blanco de los chicos, menos. Se va a tener que comprar unos buenos lápices correctores de ojeras de los más caros, si quiere que su rostro parezca descansado y saludable.
Una vez que haya cubierto sus ojeras, le vendría bien una base de maquillaje que le dé a su piel el aspecto aterciopelado que seguramente ha perdido. Y tal vez un poquito de rubor. No demasiado, no es cuestión de tener los cachetes colorados como el príncipe Carlos de Inglaterra.
Ahora vamos a los ojos. Rimmel a prueba de maremotos, porque una no sabe cuándo, cómo ni dónde se acordará de algo que le humedecerá los ojos de bronca, de tristeza o de nostalgia. Para la sombra, evite los colores tristes como el gris o la gama de los marrones, que la harán verse más melancólica.
Para la boca, elija un rouge discreto que resalte las forma de sus labios y le levante el ánimo, pero huya del colorado rabioso porque pueden pensar que anda buscando guerra, y no es cuestión. A menos que usted quiera buscar guerra, por supuesto, que está en todo su derecho y no seré yo quien se lo impida.
Si tiene más de 25, tampoco le aconsejo el morado o el negro; ya está grandecita para hacerse la gótica, o la dark, o la flogger.
Para las R.S., el maquillaje puede ser un buen aliado. La cara lavada no es para cualquiera porque nos deja el alma al descubierto, y cuando el alma anda de capa caída lo mejor que podemos hacer es darle una mano al espejo y pintarnos un poco. Un poquito, aunque sea. Con unos sabios toques de color y una sonrisa, la realidad es más llevadera. Y nuestra cara también, para los demás y para nosotras mismas.
jueves, 4 de marzo de 2010
Una anécdota del "Manual de instrucciones para Recién Separadas"!
(de mi fanpage del Manual de instrucciones para Recién Separadas en Facebook)
Cuando estaba de novia con mi ex, hace más de treinta años, un día le prometí que le dedicaría mi primer libro. Por ese entonces, lo único que yo escribía era poesía y lejos estaba de sospechar que mi primer libro sería, oh carcajada del destino... ¡el Manual de instrucciones para Recién Separadas!, para el que el susodicho me había dado un montón de letra.
Pero como soy mujer de palabra, decidí cumplir mi promesa y dedicárselo igual. Y esto es lo que se puede leer en la primera página de la primera edición:
Dedico el "primogénito" a Carlos, mi ex, porque si estuviéramos juntos yo jamás habría escrito este libro. Ni este ni ninguno, en realidad, porque la convivencia requiere mucho tiempo y muchas energías, dos cosas que aún no aprendí a administrar. O tengo un marido, o escribo. Y él, que todo lo sabe, vislumbró en mí a la artista, escuchó ecos lejanos que llevaban mi nombre camino a la gloria, presintió la riqueza y la fama llamando a mi puerta, y hasta soñó una vez que aplaudía, sentado en primera fila, mientras yo recibía el premio Pulitzer. Todo eso lo indujo a apartarse de mí; temía no estar a la altura de los acontecimientos futuros. Por si esto fuera poco, se le apareció un ángel que le dijo: "Deja a esa mujer cumplir con su destino, renuncia noblemente a estar con ella y búscate otra que no escriba pero limpie, sea más ambiciosa, le guste el jolgorio, no se meta en tus cosas, no revise tus bolsillos y no sea asmática. Y tenga la cola parada." Él, ateo confeso, cayendo de rodillas se convirtió ahí nomás, rasgó sus vestiduras, rezó en cinco idiomas y le hizo caso al ángel. Y acá estamos, cada uno por su lado.
Les cuento que quedé como una reina: mi ex andaba con el libro en el bolsillo mostrándoselo a todo el mundo. Y por si fuera poco, darme cuenta de que yo era lo bastante inteligente como para reírme de mí misma y haber escrito ese libro, y esa dedicatoria, me levantó muchísimo la autoestima.
Esto es para que vean, queridas RS, que el humor es salud y que nos podemos reír hasta de aquellas cosas que en su momento nos hicieron llorar a mares.
Cuando estaba de novia con mi ex, hace más de treinta años, un día le prometí que le dedicaría mi primer libro. Por ese entonces, lo único que yo escribía era poesía y lejos estaba de sospechar que mi primer libro sería, oh carcajada del destino... ¡el Manual de instrucciones para Recién Separadas!, para el que el susodicho me había dado un montón de letra.
Pero como soy mujer de palabra, decidí cumplir mi promesa y dedicárselo igual. Y esto es lo que se puede leer en la primera página de la primera edición:
Dedico el "primogénito" a Carlos, mi ex, porque si estuviéramos juntos yo jamás habría escrito este libro. Ni este ni ninguno, en realidad, porque la convivencia requiere mucho tiempo y muchas energías, dos cosas que aún no aprendí a administrar. O tengo un marido, o escribo. Y él, que todo lo sabe, vislumbró en mí a la artista, escuchó ecos lejanos que llevaban mi nombre camino a la gloria, presintió la riqueza y la fama llamando a mi puerta, y hasta soñó una vez que aplaudía, sentado en primera fila, mientras yo recibía el premio Pulitzer. Todo eso lo indujo a apartarse de mí; temía no estar a la altura de los acontecimientos futuros. Por si esto fuera poco, se le apareció un ángel que le dijo: "Deja a esa mujer cumplir con su destino, renuncia noblemente a estar con ella y búscate otra que no escriba pero limpie, sea más ambiciosa, le guste el jolgorio, no se meta en tus cosas, no revise tus bolsillos y no sea asmática. Y tenga la cola parada." Él, ateo confeso, cayendo de rodillas se convirtió ahí nomás, rasgó sus vestiduras, rezó en cinco idiomas y le hizo caso al ángel. Y acá estamos, cada uno por su lado.
Les cuento que quedé como una reina: mi ex andaba con el libro en el bolsillo mostrándoselo a todo el mundo. Y por si fuera poco, darme cuenta de que yo era lo bastante inteligente como para reírme de mí misma y haber escrito ese libro, y esa dedicatoria, me levantó muchísimo la autoestima.
Esto es para que vean, queridas RS, que el humor es salud y que nos podemos reír hasta de aquellas cosas que en su momento nos hicieron llorar a mares.
miércoles, 24 de febrero de 2010
Un libro para mujeres que deberían leer los hombres
Carlos me dejó un comentario muy atinado: que a mi libro, Manual de instrucciones para recién separadas, deberían leerlo los hombres. De hecho, les cuento que algunos lo hicieron (entre ellos mi ex, que fue mi primer fan) y se llevaron una sorpresa: no los considero el malo de la película, y cuando es necesario, hasta los defiendo.
Gracias a la costumbre poco saludable de buscar las culpas siempre afuera, cuando uno se separa tiende a demonizar al sexo opuesto en su conjunto: “los hombres” son TODOS unos hijos de puta, “las mujeres” son TODAS unas histéricas... ¿Quién no lo dijo, o lo escuchó decir, alguna vez?
Pero cuando se nos pasa la calentura inicial, deberíamos darnos cuenta de que es mentira eso de que “para muestra basta un botón”. Para mostrar lo que es un botón, puede ser... pero hay botones de plástico, de madera, de cerámica, de carey, redondos, cuadrados, y de gran variedad de colores, con lo que la muestra nos sirve sólo para encontrar uno igual, y nada más que para eso. Lo mismo pasa con los hombres y mujeres: gracias a Dios, no somos todos iguales.
Por cada desgraciado que nos metió los cuernos, puede haber un hombre fiel (o en su defecto, lo bastante discreto como para que no nos demos cuenta).
Por cada tirano que nos hacía planchar hasta las medias y nos exigía que tuviéramos la casa impecable, puede haber un compañero decidido a compartir con alegría las tareas del hogar.
Por cada desalmado que no se compadecía ni cuando nos veía caminar en cuatro patas de dolor o cansancio, puede haber un protector que nos lleve el desayuno a la cama, nos acomode las almohadas y nos haga masajes en los pies.
Por cada energúmeno que se agarraba a trompadas en todas las esquinas puede haber un caballero educado y cortés, amante de la paz y del consenso.
Puede haber. Las mujeres que han encontrado uno dan fe de que hay hombres así, de exposición, de esos para poner de adorno en la vitrina y mostrárselo orgullosa a las amigas.
Y es por eso, porque sé que hay hombres buenos, que al escribir ni libro elegí centrarme con humor en los problemas y dolores de las RS pero sin echar leña al fuego, sin malquistarla con los hombres y sin cargar las tintas sobre los defectos masculinos. Me pareció lo más saludable, porque en definitiva a lo que yo apunto es a que la mujer, entre sonrisas y carcajadas, haga una introspección y pueda descubrir qué le pasó, y por qué, y cómo puede hacer para superarlo.
Y es por eso que a mi libro deberían leerlo también los hombres: para entender mejor lo que nos pasa a las mujeres. No lo que nos inspiran ellos, sino lo que nos pasa a nosotras por dentro, con nosotras mismas, cuando nos separamos.
Gracias a la costumbre poco saludable de buscar las culpas siempre afuera, cuando uno se separa tiende a demonizar al sexo opuesto en su conjunto: “los hombres” son TODOS unos hijos de puta, “las mujeres” son TODAS unas histéricas... ¿Quién no lo dijo, o lo escuchó decir, alguna vez?
Pero cuando se nos pasa la calentura inicial, deberíamos darnos cuenta de que es mentira eso de que “para muestra basta un botón”. Para mostrar lo que es un botón, puede ser... pero hay botones de plástico, de madera, de cerámica, de carey, redondos, cuadrados, y de gran variedad de colores, con lo que la muestra nos sirve sólo para encontrar uno igual, y nada más que para eso. Lo mismo pasa con los hombres y mujeres: gracias a Dios, no somos todos iguales.
Por cada desgraciado que nos metió los cuernos, puede haber un hombre fiel (o en su defecto, lo bastante discreto como para que no nos demos cuenta).
Por cada tirano que nos hacía planchar hasta las medias y nos exigía que tuviéramos la casa impecable, puede haber un compañero decidido a compartir con alegría las tareas del hogar.
Por cada desalmado que no se compadecía ni cuando nos veía caminar en cuatro patas de dolor o cansancio, puede haber un protector que nos lleve el desayuno a la cama, nos acomode las almohadas y nos haga masajes en los pies.
Por cada energúmeno que se agarraba a trompadas en todas las esquinas puede haber un caballero educado y cortés, amante de la paz y del consenso.
Puede haber. Las mujeres que han encontrado uno dan fe de que hay hombres así, de exposición, de esos para poner de adorno en la vitrina y mostrárselo orgullosa a las amigas.
Y es por eso, porque sé que hay hombres buenos, que al escribir ni libro elegí centrarme con humor en los problemas y dolores de las RS pero sin echar leña al fuego, sin malquistarla con los hombres y sin cargar las tintas sobre los defectos masculinos. Me pareció lo más saludable, porque en definitiva a lo que yo apunto es a que la mujer, entre sonrisas y carcajadas, haga una introspección y pueda descubrir qué le pasó, y por qué, y cómo puede hacer para superarlo.
Y es por eso que a mi libro deberían leerlo también los hombres: para entender mejor lo que nos pasa a las mujeres. No lo que nos inspiran ellos, sino lo que nos pasa a nosotras por dentro, con nosotras mismas, cuando nos separamos.
lunes, 15 de febrero de 2010
¿Hasta cuándo la recién separada es recién separada?

La Sole (no la que canta folklore, mi amiga) me pregunta en la fanpage del Manual de instrucciones para Recién Separadas en Facebook hasta cuándo va a ser una RS, y si después va a ser una separada más.
Buena pregunta. En mi libro sostengo que ser RS es un estado de ánimo, más que un estado civil. Es un sentimiento, algo que se vive con el corazón y con las tripas. Y la duración de ese sentimiento dependerá de inumerables factores internos y externos:
No es lo mismo separarse porque una dejó de amar y se decidió a dar el portazo, a que el portazo lo haya dado el otro y una siga enamorada.
No es lo mismo separarse flaca, joven, espléndida, profesional, sin hijos y con una fila de admiradores esperando en la puerta, que separarse gorda, cincuentona, celulítica, con hijos y nietos y después de haber sido ama de casa durante toda la vida. Aclaremos: hay de todo. Hay flacas de 30 divinas por fuera pero insoportablemente histéricas, y hay cincuentonas glamorosas, alegres y que cocinan como los dioses. Pero convengamos en que con los años una lleva las de perder.
No es lo mismo separarse rica que separarse pobre. La plata no hace la felicidad... pero sin plata todo es más difícil.
No es lo mismo un divorcio legal que deshacer una unión de hecho, en la que cada uno arma su valija y se va llevándose lo suyo y sin rendirle cuentas a nadie.
Sea cual sea la realidad de la RS, ahora está sola y sufre.
¿Y hasta cuándo va a sufrir? Hasta que descubra que todos los rótulos pesan y se decida a ser ella misma. Ni casada, ni soltera, ni viuda, ni divorciada: MUJER. Dueña y señora de su vida, esté o no esté en pareja.
Una puede ser madre, abuela, tía, hermana, hija, nieta, esposa, novia, amante... pero por sobre todo, es una persona única que puede, y debe, aprender a bastarse por sí misma sin depender afectivamente de nadie. Amar con toda el alma, sí. Depender del otro para ser feliz y sentirse viva, definitivamente no, porque no es saludable.
La vida tiene tanto para darnos, que no podemos quedarnos sentadas a esperar que un hombre nos dé todo ¡porque no puede, pobre!
sábado, 13 de febrero de 2010
La recién separada y el Día de los Enamorados

Hace mucho que no escribo nada relacionado con mi libro, el Manual de Instrucciones para Recién Separadas, y me pareció que esta fecha nefasta para las mujeres solas era una buena ocasión para reafirmar su vigencia. La del libro, se entiende.
Llega San Valentín, o el Día de los Enamorados, y la RS queda desubicada como una heladera en el baño.
Mientras “los enamorados” festejan entre cajas de bombones, ramos de flores, tarjetitas cursis, ositos de peluche, CDs de Sandro y besos húmedos, la pobre RS no sabe qué hacer para no ver que a su alrededor todo el mundo se quiere mientras ella suspira, como dice el tango, mirando desde afuera y con la ñata contra el vidrio.
Mientras “los enamorados” inundan bares, restaurantes y hoteles exhibiendo impúdicamente su felicidad, la pobre RS no tiene donde sentarse a tomar un café sola sin sentirse miserable.
Mientras “los enamorados”, aunque sea de la boca para afuera y obligados por las circunstancias, renuevan con pasacalles y mensajes radiales promesas que al otro día olvidan (la de fidelidad, sobre todo), la pobre RS se siente una porquería, ignorada y abandonada...
Y todo porque nadie le dirá feliz día, ni le regalará nada, ni la sacará a pasear. Como si fuera la única; para que sepa, somos un montón, jóvenes, viejas, gordas, flacas, solteras, separadas añejas, viudas y hasta casadas, las que pasaremos en 14 de febrero sin pena ni gloria.
jueves, 29 de noviembre de 2007
Mi primer libro y su crisis de identidad (la del libro)

Ahora bien, no se imaginan lo que me costó tratar de que la gente entendiera que ese libro era obra de una escritora, y no de una histérica que había salido a contar sus intimidades. Cualquiera que lo lea podrá ver que es un libro en serio, escrito con un método, y que hay en él un buen trabajo de redacción, modestia aparte. Cualquiera que lo lea, claro. El problema fue que, sin haberlo leído, algunos supusieron que era un engendro fruto del revanchismo y la frustración, y tuve que andar explicando que no era así, que yo había escrito una sátira a los manuales de autoayuda, un libro de humor. Con lo cual seguía embarrando la cancha, porque para algunas gentes agrias el humor, como género literario, no existe.
El problema no terminó ahí. Yo pretendía venderlo como libro de humor, y en las librerías me lo ponían en el estante de autoayuda. Y no estaban errados: con el tiempo, y con las opiniones de las lectoras, descubrí que pese a mí misma había escrito un buen libro de autoayuda; el humor es una herramienta fenomenal para hacernos ver hasta lo que nos hace daño, lo que queremos ocultarnos a nosotros mismos. Pero en ese momento, cuando salió el libro, yo quería ser comparada con Cristina Wargon y no con los cientos de autores de libros de autoayuda de mala muerte que andan por ahí, con los que los libreros me obligaban a compartir espacio.
El Manual no fue best seller ni mucho menos, pero me dio muchas satisfacciones. Y me las sigue dando, porque cada tanto alguien lo descubre y lo disfruta y se preocupa por hacerme llegar su opinión. Todavía no se terminó de vender la primera edición, por lo que estoy considerando hacer una venta de garage con el remanente para ver si podemos relanzarlo con otra tapa, una buena presentación, algo de prensa, en fin, todas las cosas que ahora puedo conseguir y que cuando salió no tuve... porque no me conocían ni los perros, y yo no conocía a nadie del ambiente que me diera una mano.
Y ya que estoy, me animo y hago un llamado a la solidaridad, total… (JT me mata cuando lea esto, no importa):
Se necesitan 100 compradores para agotar stock del MANUAL DE INSTRUCCIONES PARA RECIÉN SEPARADAS, un libro de humor único en su género, imprescindible, ideal para regarlarle a las tías agretas, a la percanta que me amuraste, a la superada de Maitena, a la madre, la suegra, la hija, la prima o a cuanta mujer se nos ocurra, porque todas fueron, son o serán Recién Separadas al menos una vez en su vida.
Los interesados que residan en Córdoba pueden patalear en alguna librería hasta que se lo consigan (si se resisten, exijan que lo pidan a Ediciones del Boulevard). O escribirme a mí, grafer001@yahoo.com.ar . Los que no vivan en Córdoba, me escriben igual y vemos como hacemos.
No hago ninguna promo porque está a buen precio. Podría ofrecer un plus para los varones que lo compren, algo así como una noche de lujuria con la autora, pero mi idea de la lujuria, hoy por hoy, está más cerca de comerme un kilo de helado que de bailar la danza de los siete velos así que mejor no, pobres, se van a aburrir.
INTRODUCCION
II) Cómo nació éste libro.
Me refiero, respetuosamente, a toda mujer que ha estado varios años con un hombre y que lo amó, lo soportó y lo acompañó en buenas y malas, en la salud y en la enfermedad, y en todo lo que dicen los curas y los jueces cuando casan a la gente. Sin hacer diferencia entre esposa legal, novia eterna, amante escondida, la otra o señora de hecho y sin papeles; porque creo que el dolor frente a una separación es casi el mismo. Puede que tenga hijos con ese hombre, o no. Que hayan vivido bajo el mismo techo, o no. Que se hayan amado locamente, o no. Basta que una se sienta RECIEN SEPARADA para serlo, lo demás son agravantes o atenuantes.
Ser RECIEN SEPARADA es, entonces, ni más ni menos que un estado de ánimo. Puede durar una semana, un mes, un año o toda la vida, depende del tiempo que una necesite para tomar conciencia de que ese señor ya no es su pareja, ni volverá a serlo jamás. Y que se las tendrá que arreglar como pueda hasta que se consiga otro, o hasta que deje de amarlo, o hasta que él se muera y así una no pueda seguir fantaseando con la idea de la reconciliación. O hasta que el buen hombre se case con otra y se deje de embromar tratando de reconciliarse, que los hay.
Pero así dure una semana o toda la vida, ser RECIEN SEPARADA (R.S. para abreviar, de ahora en más. Erre Ese) es duro. Es morder el polvo de la derrota, masticarlo y tragarlo. Es sentirse como un toro lleno de banderillas, como una vaca en el matadero, como una huerfanita pidiendo limosna, como una estúpida, como un bicho bolita. Es sentir TODOS los dedos de TODA la gente del mundo apuntando hacia una, y sus murmullos de mil decibeles en estéreo sobre nuestros cuernos, nuestros defectos o nuestra sufrida dignidad para seguir manteniendo la cabeza en alto.
Es soportar la mirada burlona de las otras mujeres que AÚN no se han separado; esa mirada altiva, despectiva, impiadosa e insoportablemente sobradora. Es soportar también la cara de espanto (o alivio) de nuestros viejos; y las palmadas cómplices de algunas separadas que nos dan la efusiva bienvenida a la logia, a la cofradía, a la hermandad de las Carmelitas Con Zapatos pero SIN MARIDO. Una se siente mal, muy mal.
Entonces tal vez recurre a un psicólogo, quien en lugar de hacerla sentir bien ya, ahora (eso es lo que una busca, ¿no?) prefiere hurgar en su inconsciente; y hurga, escarba, hasta que desentierra una punta de traumas que usted ni sospechaba. Se entera así de que inconscientemente quisiera asesinar a sus hijos, violar a su papá y castrar al marido de su mejor amiga. Y como no se anima, sublima todo eso tan horrible y se vuelve estreñida, o asmática, o le salen esas manchas tipo lepra virulenta. Al descubrir todo esto usted huye espantada.
¿Y dónde va después? Tal vez se va a hablar con un cura, que no sabe lo que es estar separado porque se supone que son castos y célibes. Y que puede ayudarla mal y poco, en consecuencia. O corre a tirarse las cartas, creyendo que con un poquito de magia negra, un calzoncillo viejo y unos pelos del pubis de su ex todo va a andar mejor. El calzoncillo no sería problema, seguro que él alguno se olvidó. Pero según la bruja sin los pelos del pubis no hay tutía. Busque, busque. Si con la excusa de la depresión no limpia desde que él se fue, tal vez alguno encuentre. En los pies de la cama, ahí, entre la tierrita...y si él durmió desnudo hasta el último día, por supuesto.
Mientras intenta algo de lo anterior seguro que se va a la peluquería, al cine, a caminar, o a perseguirlo a ÉL, a ver que hace. La desesperación da para todo.
Supongamos que sale a caminar, que es sano y gratis. Pasa entonces frente a una librería y ve allí, en la vidriera, un montón de manuales de autoayuda, autosuperación, autosugestión, o autodestrucción, como sea que se llamen. Todos escritos por norteamericanas, españolas, francesas o alemanas, que se las saben al derecho y al revés. Son buenísimos, si, pero creo que imposibles de llevar a la práctica para una R.S. argentina, o sea subdesarrollada y tirando a pobre como somos casi todas las nativas de este absurdo y amado país.
Y acá le cuento como nació mi libro. (¡Ja, porque te colgaron la galleta! dirá usted, que piensa con las dos últimas neuronas que aún le funcionan. Porque la depre post-sepa-ración es como que a algunas les daña el cerebro, ¿vio señora? No sea ordinaria, no interrumpa a la gente que sabe. Y saque el dedo de la llaga, ¿quiere? Bien, prosigo.) Mirando una vidriera, viendo esa verdadera invasión de manuales de auto-ayuda, me dije para mí: ¿Por qué los de afuera se las saben todas?
¿Por qué esa especie de cholulismo literario congénito que nos hace creer que los extranjeros son más evolucionados, más inteligentes que nosotros? ¿Por qué no buscar soluciones autóctonas para nuestros conflictos y rayes autóctonos? ¿Por qué no algo menos académico, menos psicológico, menos científico pero más humano, algo así como un libro con pantuflas, no para leer sentado en la sala tipo lord inglés, sino entre mate y mate en la cocina? Fue entonces que pensé en escribir un libro nuestro, mío, argentino, con defectos y virtudes nacionales, como Gardel, Sarmiento, Charly, Evita y el malambo, como el dulce de leche, el locro y el puchero. Vade retro, foráneos, Go Home. Pretendieron invadirnos con sus libros geniales, con sus consejos, con su penetración cultural. Pero no contaban conmigo, y ahora todo ha cambiado. Mi sufrida R.S., tiene usted al alcance de su mano este pequeño, este humilde libro, escrito por una mujer tan argentina como usted, tan recién separada como usted, y tan subdesarrollada y tirando a pobre como usted. Por alguien que es como su alma gemela.
Entréguese ya mismo a su lectura y verá que su vida cambiará. Encontrará sentido a su opaca existencia, a su paso intrascendente por el mundo, a su devenir sin futuro y sin pareja, a su soledad negra y agobiante. Será una mujer NUEVA. La mejor.
En resumen. mi amiga: déjese de joder, ríase un rato y piense un poco, que ya lloró bastante. La espero en el epílogo, que será el broche de oro de su reconstrucción moral y espiritual. Respire hondo, aflójese la ropa, y aunque no tenga muchas ganas...Lea. Piense. Medite. Pero por sobre todo permítase tomarse las cosas con humor, porque el humor y la alegría también son algo serio.
(Fin de la Introducción)
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